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miércoles, 3 de junio de 2009

Los Quichuas, pueblo ancestral del Ecuador

Uno de los pueblos indígenas más importantes en territorio ecuatoriano son los Quichuas, los cuales se dividen en dos grupos de acuerdo a su ubicación. los Canelos – Quichuas se encuentran en la provincia de Pastaza y los Napo – Quichuas o Quijos se ubican en zonas urbanas y rurales de las provincias de Napo, Orellana y Sucumbíos.La población de estas comunidades está estimada en aproximadamente 60 000 personas siendo así la más numerosa de la Amazonía ecuatoriana. Su origen viene de la mezcla de pueblos nativos amazónicos como de pueblos indígenas de la Sierra.
Aún existe un gran porcentaje de indígenas que siguen con su vida tradicional, viven en sectores internos de la selva en donde trabajan en sus sembríos, pescan y recolectan frutos. Estas familias por lo general salen pocas veces al Tena para comercializar algunos productos pero lo hacen por cortos períodos.
Los Quichuas son un pueblo muy tradicional, ellos aún tienen costumbres como el matrimonio arreglado y la creencia en sus dioses, pues las cavernas, el diablo, los duendes, el sol y las montañas son venerados por ellos. La anaconda es el máximo dios considerado el jefe de todos y el ceibo es el dueño de todo lo que les rodea.

Algo muy importante para esta comunidad es la práctica del shamanismo. Los shamanes son los médicos de estos pueblos y cuando alguien se encuentra enfermo sea física o espiritualmente no dudan en acudir al shamán de su comunidad.
En cuanto a la comida, la alimentación principal de los Quichuas se basa en la chicha, la carachama, la yuca y el maduro, estos escasos ingredientes son suficientes para su supervivencia.




Como casi todas las comunidades indígenas de nuestro país las zonas urbanas han contaminado la cultura de los Quichuas reduciendo así sus costumbres y tradiciones, pero estos pueblos ancestrales no olvidan sus orígenes y guardan con ellos sus bases culturales.


LA AYAHUASCA, LAS PUNTAS Y EL CIGARRILLO SON FUNDAMENTALES EN LA VIDA DE LOS QUICHUAS

Una de las experiencias más gratificantes de este extraño viaje fue el poder estar presentes en no una sino cuatro limpias. Después de compartir algunos alimentos poco suculentos aunque brindados con la mejor intención y solidaridad fue la hora de ver el ritual de la limpia. 
El shamán, José Tanguila, desapareció unos momentos para prepararse, tomó todos los instrumentos que necesitaba para realizar el ritual y volvió con nosotros. Al entrar en la habitación ya no vestía la ropa de estilo occidental y despreocupada con la que nos recibió sino que tenía un traje típico de los shamanes lleno de pepitas de colores, semillas de diferentes plantas con las que construyen estos sonoros trajes que representan los sonidos del bosque, también llevaba una corona hecha de plumas de guacamayo muy vistosas.


Entre los instrumentos que utilizó para tan importante ritual estuvieron una pequeña copa de Ayahuasca, un ramo de Suripanga, cepillo del viento con el que barre la obscuridad y un gran cigarro utilizado para alimentar a los espíritus e ingresar en un trance más profundo aún.

La primera persona a realizarse la limpia estaba lista sentada en una banca a los pies del shamán, él empezó un canto que entre palabras quichuas y silbidos dieron un ambiente extraño al lugar. Todo se obscureció y varias bocanadas de humo salían del shamán y entre cantos y bruscos movimientos del ramo de Suripanga empezó la sesión.

Con los ojos cerrados, nuestra compañera a quien le hacían la limpia se le notaba el temor por su lenguaje corporal pues se encontraba muy acongojada. El ritual era realizado cerca de una ventana para donde el shamán dirigía el ramo aventando las malas energías para afuera. 


A continuación se realizaron las otras limpias de igual manera que la primera pues para todos el proceso es el mismo. El shamán aclaró que por ser temprano aún, aproximadamente la una de la tarde, era difícil visualizar todo lo que normalmente brinda la Ayahuasca, pero de todas maneras las limpias son muy beneficiosas pues gracias a estas el cuerpo y el alma quedan en un estado de relajamiento y tranquilidad durante un buen tiempo. 

Al finalizar las limpias el shamán con el ramo de Suripanga muy desgastado decidió descansar un poco y empezó a contarnos lo que se debe hacer para convertirse en el shamán de una comunidad. Este es un trabajo de muchos sacrificios pero a la vez con varias gratificaciones pues la sabiduría que adquieren y la oportunidad de pasar a sus descendientes los poderes curativos de estos rituales son motivos suficientes para dedicar toda su vida a esta actividad.

viernes, 29 de mayo de 2009

Crónica fotográfica: Entre chicha y carachamas !

Llegando a la vivienda del Shamán José Polibio Tanguila

La sala/cocina/comedor y las ollas que contienen la chicha fermentada

Teresita Tanguila recogía la chicha para compartirla con nosotros

La chicha pasó por todos, nadie podía negarse para no ofender a nuestros anfitriones

Los hijos de la familia Tanguila llegaron con la pesca fresca

Las carachamas destripadas se seguían moviendo

Directo a la olla, nada más natural

Teresita enseñándonos como comer las carachamas

Cuando ya terminamos las carachamas asadas, que pocos nos atrevimos a comer

Y sin tiempo para asimilar el primer plato se vino la sopa !!!

El quichua dificultaba la conversación pero el guía hacía un esfuerzo por 
traducir nuestras preguntas y sus respuestas

Terminada la comida y listos para una limpia salimos



jueves, 28 de mayo de 2009

Las "limpias"

Ya cuando el estudiante se ha convertido en Shaman, puede realizar las curas, limpias y demás actividades. Los shamanes también se clasifican por la calidad de poderes que tienen cada uno de ellos. 

Para curar, los shamanes, generalmente proceden de la misma manera: preparan el brebaje y se lo beben, antes y después deben tomar guayusa para no vomitar. Van tomando paulatinamente el brebaje, luego se recuestan hasta que vengan las visiones y energías curativas. 

Empiezan a silbar y a cantar duro, invocando a los espíritus, pide un ramo de suripanga, ramo de una guadua y empieza a cantar, chupa la o las partes afectadas y sigue tomando trago, en el acto deben haber uno ó dos acompañantes. Al aventar con la suripanga explica todo lo que tiene el paciente: el espíritu, quien lo brujeo, si tiene cura o no.

En el trance puede reprender al malhechor y ordena que deje de molestar al "enfermo".  Todo este ritual se lo lleva a cabo bien entrada la noche para poder ver a los espíritus con mayor claridad.

Cuando amanece el shaman da la medicación y los ayunos a la persona que se ha sometido a la limpia; esta no debe trabajar, ni jugar, entre otras actividades. Muchas de las veces el brujo muestra lo que chupo, pedazos de madera, chanta, sapos, culebras, gusanos, pero no siempre lo hace. Los shamanes recomiendan, para proteger a la familia, poner un círculo alrededor de la casa. 

Por lo general los que hicieron el mal al "enfermo" mueren brujeados de una manera más fuerte o por un brujo más poderoso. Cabe recalcar que los shamanes son buenos, son los doctores de la comunidad, mientras que el término brujo se utiliza para los shamanes que han elegido el camino del mal.



miércoles, 27 de mayo de 2009

El Shamanismo

Las diferentes etnias de Ecuador poseen sus misterios, leyendas y realidades escondidas. Nadie más que ellos conocen el total de su saber ancestral. Los shamanes tienen su reputación por su capacidad de curar enfermedades. Transmiten sus conocimientos sobre plantas medicinales de generación en generación y conservan las tradiciones de cada comunidad indígena. 


Los ritos shamánicos están en relación con la presencia de los cuatro elementos de la vida: tierra, agua, aire y fuego. Los shamanes beben preparaciones de plantas que tienen poderes alucinógenos que les permiten tener una visión distinta del universo, una de ellas la conocida ayahuasca y algunas otras plantas sagradas en las que se basan las terapias. El shamán visualiza la naturaleza como un sistema espiritual energético y observa muy atentamente los equilibrios y las interdependencias. 

A continuación el audio del canto de un shamán durante una limpia:


Hasta hoy en día, pedir la ayuda de un shamán es una práctica muy común dentro de las comunidades, sea para hacerse curar, predecir el futuro y/o hacerse exorcizar. El shamán es percibido como un sanador o un brujo en función del uso que hace de las plantas y de su poder. El shamán nunca estuvo presente en la cultura quechua como el que dirige el grupo, sino más bien como alguien a quien temer.

En la Amazonía ecuatoriana, los shamanes utilizan sobretodo la planta alucinógena ayahuasca para entrar en contacto con los espíritus y utilizan también el tabaco puro.



martes, 26 de mayo de 2009

Crónica del viaje hacia Pununo

El día empezó muy temprano, el guía nos esperaba a las 8am frente a la emergencia del hospital del Tena. Cuando llegamos había una camioneta lista para transportarnos hasta la vivienda del Shaman al que visitaríamos, cerca de Pununo. El viaje duraba alrededor de una hora y media y todos los presentes no cabíamos en el interior de aquella doble cabina, por lo tanto seis de nosotros tuvimos que viajar el el balde. Mientras íbamos por la carretera el único inconveniente era el viento que nos azotaba con fuerza ya que el conductor parecía creerse mejor que Montoya.  El calor húmedo de la zona evitaba que sintiéramos frío, pero nuestra suerte cambió cuando en menos de media hora empezó a llover. Debido a la velocidad las gotas parecían agujas y todos hacíamos nuestro mejor esfuerzo para protegernos de su ataque. El viaje era silencioso y nadie se atrevía a abrir ni siquiera los ojos, ya que no nos perdíamos de mucho, el paisaje era una difusa mancha verde a ambos lados del vehículo. Unos cuantos kilómetros más adelante pudimos dejar la lluvia tras de nosotros pero nadie se atrevía entablar una conversación, de vez en cuando el viento se llevaba un comentario suelto y unas cuantas carcajadas. Los que nos encontrábamos atrás veíamos con cierta envidia a los que dormían plácidamente dentro del vehículo libres del viento y la lluvia, en un asiento cómodo y forrado. Pero la peor parte aún no llegaba. De un momento a otro dejamos la carretera asfaltada para internarnos por un camino de piedras y tierra, fue en ese momento en que sentíamos como nos temblaba el cerebro y todos los huesos de nuestro cuerpo. Toda la siguiente parte del camino fue así, y como el chófer no reducía la velocidad, ahora no solo nos acechaba el viento, si no también las ramas de las laderas y una que otra piedra que saltaban bajo la presión de las llantas.



Cruzamos varios puentes colgantes y muy estrechos, sobre correntosos ríos. Cada uno decidía entre si ver el hermoso paisaje o ceder al miedo y cerrar los ojos, pero la vista era espectacular.



Ya para cuando nuestras posaderas empezaban a quejarse debido a la irregularidad de la superficie y los constantes saltos del vehículo, empezamos a disminuir la velocidad porque el camino casi desapareció frente a nuestros ojos cuando tuvimos que cruzar un pequeño río y después otro. Y cuando el terreno se volvió aún más irregular y ya no resistíamos la incomodidad llegamos a una pequeña explanada y la camioneta se detuvo. Con el cuerpo adolorido dimos gracias en silencio y procedimos a bajarnos del vehículo para caminar tras el guía hasta la casa del Shamán, con la esperanza de que la misma camioneta nos recogiera después de unas cuantas horas. 
Como ya no corría el viento, el calor y la humedad empezaron a caer sobre nosotros y como buenos citadinos caminábamos lo más juntos posible intentando evitar todo contacto con la madre naturaleza e intentando pisar exactamente en los puntos que el guía había pisado. Nadie quería toparse con una sorpresa selvática.